Igualdad, no
El 4 de marzo de 1983, Rajoy firmó otro artículo en el citado diario gallego. Levitaba también el actual líder del PP, tras haber leído el libro La desigualdad humana, de Luis Moure-Mariño, periodista y escritor gallego que participó activamente en el golpe militar de 1936, franquista hasta la médula y más reaccionario que Onésimo Redondo. Los comentarios de Rajoy a ambos libros son muy ilustrativos de su pensamiento político. Arremete el moderado líder de la derecha contra el principio de la igualdad. Es decir, Rajoy se sitúa, sin tapujos ni complejos, en etapas anteriores a la Revolución francesa, aunque ni siquiera participe de la Ilustración o la Enciclopedia. Rajoy aplaude teorías claramente ultramontanas. Para defender tales teorías –más cercanas a Le Pen que a la derecha democrática- Rajoy sostiene: “Ya en épocas remotas (…) se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre (…) Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe” superaban a los demás- han sido confirmados más adelantes por la ciencia”.
Rajoy ataca a Rousseau y a Marx y menosprecia lo que califica como vaguedades: “la eliminación de las desigualdades excesivas”, la “supresión de privilegios”, la “redistribución” y el “que paguen los que tienen más”. Rajoy aborrece todo esto. Se muestra pues partidario de “las desigualdades excesivas”, de los “privilegios” y de “que paguen” los que tienen menos. Así era Mariano Rajoy hace cerca de un cuarto de siglo. No era ni un niño ni un adolescente ni un jovencito. Cuando escribió semejantes bodrios típicos de la extrema derecha era diputado autonómico gallego y, como ya ha apuntado, más tarde, presidente de la Diputación de Pontevedra. Luego fue vicepresidente de la Xunta, diputado, ministro, vicepresidente y sucesor de Aznar, quien, pocos años antes que Rajoy, azotaba la Constitución y enaltecía el franquismo. Lo hizo en La Nueva Rioja. Tal para cual.

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